Historia

Corría el año 98, se hacía necesario instalar la Jornada Escolar Extendida. El Latino de la época, el de Providencia, el colegio que nos formó y nos albergó por muchos años, en el que se fraguaron  amistades, se instalaron  proyectos, se sostuvieron los anhelos democráticos y en el mismo en que el dolor nos estremeció, no podía ofrecer dicha demanda. Matrícula y espacio físico no eran compatibles.

Durante algunos meses de ese mismo año se barajaron  algunas alternativas, entre ellas Departamental 3755. Ahí quedó planteado el desafío, era casi una hectárea, en donde había que hacerlo todo, puesto que nada o muy poco había. Estábamos acostumbrados a resolver al revés: hacer mucho en muy poco. Acá ciertamente era distinto.

El eco pudo haberse instalado entre castillos de madera vieja o en muros con huellas ocres de aluvión. Pero no fue así, nos empecinaríamos en que no fuera así.

Y llegó octubre del año 1998 y nos hicimos cargo del Latino Cordillera y asumimos la tarea.

Había que buscar alumnos, para ello la publicidad se hacía necesaria. Así la paloma empezó a darse a conocer a los pies de la cordillera. Conchos de témpera se pasearon por lienzos y ayudaron a escribir Latino. Por Tobalaba y La Arboleda nuestros hijos repartieron volantes.

Era necesario juntar sesenta estudiantes, meta lejana. Ella nos permitiría funcionar pero desdoblándonos en muchas labores. Había que cubrir múltiples tareas: varios debimos contestar el teléfono, hacer clases nunca antes hechas, inventar talleres con frutos, con maderas, con cintas, con entusiasmo. Otros tomarían escobas, palas y un sinfín de herramientas.

“Somos la flecha que surca los cielos, el alba del día, la lluvia primera, el estreno de una risa, flor en primavera, la cría que mama, las alas del viento.”

Fue en el “Patio Tranquilo”, donde pudimos finalmente decir en propiedad que habíamos tenido un sueño y que ese sueño estaba aquí. La campana a diario nos recordaría que incluso los imposibles alguna vez se dejan atrapar. Los niños y niñas pasearon sonrisas por las mañanas, los padres nos regalaron el himno, aquel que habla de sombreros en vez de corona, el mismo que busca crear historias imposibles.

Han pasado los años, hemos despedido varias promociones de cuarto medio, somos más de cincuenta personas que tenemos acá nuestra fuente de trabajo, se han construido espacios en donde la luz se cuela desde lo alto y los colores juegan lo suyo.

Aún quedan tareas, debemos consolidarnos, necesitamos acrecentar fortalezas, asumir y corregir debilidades.

Los nuevos desafíos son los que mantienen vigente cada uno de esos sueños originales, los mismos que nos trajeron hace ya un tiempo a los pies de la cordillera.